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El Equilibrio Espacial en Museos

  • Foto del escritor: Museo Boliviano
    Museo Boliviano
  • 26 ene 2023
  • 2 Min. de lectura

Stanley utiliza la palabra "manipulación". El tono negativo del término, se sugiere, podría redefinirse como estrategias para corresponder más adecuadamente al concepto al que Stanley parece referirse. El diseño de museos y exposiciones se basa, en gran medida, en prácticas y códigos que permiten guiar a los visitantes y producir una comunicación comprensible. Esto no es solo una cuestión de arquitectura; también tiene que ver con las colecciones. Las exposiciones se organizan de formas determinadas para que los visitantes les den sentido. Es bien conocido, dentro de la museología, que las exposiciones resultan de selecciones hechas por curadores/as, museólogos/as y museógrafos/as y que las exhibiciones están diseñadas de acuerdo con su intención específica. Uno puede optar por considerar esto como un problema o como parte de la práctica museológica, pero, al menos, se puede establecer que los museos son manipuladores por definición; viene con el género. Así pues, los profesionales de los museos, los productores de exposiciones y los curadores son "manipuladores" en su trabajo. Por ello, afirmar que la arquitectura y el diseño espacial son intrínsecamente manipuladores, sin considerar la práctica del museo en general, nos crea un problema.

En cuanto al espacio del museo, desde una perspectiva histórica, las estrategias espaciales ciertamente han sido un método para guiar a los visitantes en direcciones específicas, tanto física como socialmente. La revisión de la historia del museo de Tony Bennett describe el museo como "una institución de control y poder en relación con la arquitectura y el diseño espacial", pero desde una óptica ligeramente diferente a la mencionada anteriormente. Bennett afirma que cuando los museos se volvieron más accesibles al público en el siglo XIX, como un acto de democratización, su arquitectura también se transformó. A medida que aumentaba el número de visitantes y comenzaban a incluirse ciudadanos de clase trabajadora, creció la necesidad de supervisión, ya que la aglomeración provocaba temor frente al riesgo de robo y vandalismo. Los espacios se volvieron abiertos, voluminosos y transparentes, parecidos a galerías y grandes almacenes, a fin de que los visitantes pudieran contemplar los objetos en las exposiciones y relacionarlos entre sí. El público se autocontroló, y el resultado fue la vigilancia a través del diseño espacial. Esto implicaba también educar a los ciudadanos de clase trabajadora, ya que podían contemplar arte sofisticado y, al mismo tiempo, observar a la burguesía y aprender a comportarse y vestirse de acuerdo con los estándares de los ciudadanos de clase media y alta, tanto dentro como fuera de los museos (dice Bennett). El museo, argumenta Bennett, se utilizó con ánimos políticos para gestionar al público en un intento de poner orden en la sociedad.

Sede actual Museo Boliviano. Esq. de pajarito intervención año 2010


Recursos bibliográficos:

Appaduri A. (1986): The Social Life of Things, Cambridge, MA, EE.UU.: Cambridge University Press. Bagnall G. (2003): Performance and Performativity at Heritage Sites. Museum and Society, 1(2): pags. 87-103. Bagnall, G. y Rowland, A. (2010): The Imperial War Museum North: A Twenty-First Century Museum? En Crownshaw, R.; Kilby, J.; and A. Rowland, (eds.). The Future of Memory, Nueva York y Oxford: Berghahn Books, pags. 51-76. Baudrillard, J. (2005): The System of Objects. Londres: Verso.

 
 
 

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